DISCURSO PRONUNCIADO
POR BENJAMÍN FERNÁNDEZ PICHARDO, PRESIDENTE DE LA AME
PRONUNCIADO EN EL FORO:
"EL DERECHO A LA
RESERVA DE INFORMACIÓN Y SECRETO PROFESIONAL DEL PERIODISTA"
EN LA CIUDAD DE OAXACA,
EL 3 DE DICIEMBRE DEL 2004
SENADOR
SADOT SÁNCHEZ CARREÑO:
PRESIDENTE
DE LA COMISIÓN DE DERECHOS HUMANOS DEL SENADO DE LA REPÚBLICA
COMPAÑEROS
EDITORES Y PERIODISTAS:
Es
para mí un verdadero privilegio, a nombre de la Asociación
Mexicana de Editores de Periódicos, A.C. (AME), dirigir este
mensaje en este “Foro sobre el Derecho a la Reserva de Información
y Secreto Profesional”, que ha organizado la Comisión de
Derechos Humanos del Senado de la República, que preside mi
amigo y paisano, el senador Sadot Sánchez Carreño, para
discutir y plantear la urgencia de promover modificaciones a los
Códigos Federal de Procedimientos Penales y Penal Federal,
respecto a uno de los grandes desafíos del periodismo
contemporáneo, que es justamente, la salvaguarda del secreto
profesional del periodista.
Sin
temor a equivocarme, los medios de comunicación impresos y
audiovisuales, viven hoy algunos de sus peores momentos. No sólo
enfrentamos desafíos en nuestras propias empresas, sino
además, graves amenazas se ciernen sobre el periodismo
independiente, cada vez con más crudeza. Los acosos, la
persecución y el hostigamiento a la prensa y a los
periodistas, se ha convertido en el símbolo de los tiempos
actuales. El clima de terror que ha impuesto el gobernador de
Chiapas, Pablo Salazar, sobre los periódicos “Cuarto Poder”
y “El Orbe” de Tapachula; los asesinatos de periodistas y algunos
otros hechos ocurridos, confirman el papel del periodismo como uno de
los oficios de mayor riesgo.
El
lenguaje de hoy, -con sus notables excepciones en entidades del país-
parece ser el de la amenaza y la presión. La utilización
de los órganos de procuración y administración
de justicia, ha sido para los nuevos Torquemadas, el potro de tortura
o el garrote vil del siglo XXI. Esta situación la palpamos con
crudeza los miembros de la Asociación Mexicana de Editores de
Periódicos, A. C. (AME), que vivimos de cerca el linchamiento,
las amenazas, la presión. Estamos convencidos de que la
verdadera prensa nacional es la nuestra, pues es la que penetra hasta
los sitios más recónditos de nuestra accidentada
geografía nacional.
Una
de las peores expresiones de ello, es la persecución y el
acoso legal para que los comunicadores revelen sus fuentes de
información y hacerlos comparecer ante juzgados penales como
si fueran delincuentes del orden común. Esa situación
nos preocupa, pues mientras otros países, a veces de economías
más modestas, han legislado a favor de salvaguardar el secreto
profesional del periodista, en México seguimos a la zaga.
El
tiempo nos ha rebasado. Hoy mismo, muchos periodistas son llamados a
comparecer ante tribunales locales o federales para revelar sus
fuentes. En algunas entidades del país, revelar secretos a
través de los medios, se ha convertido en un riesgo; en una
situación de vida o muerte, más en aquellas entidades
en donde se sigue aplicando la máxima porfiriana de: encierro,
destierro o entierro. Se han establecido nuevas inquisiciones; nuevas
prácticas de secrecía oficial; de opacidad.
México,
se dice, es un país de leyes. Sin embargo, paradójicamente,
la acartonada Ley de Imprenta de 1917 es el único instrumento
legal que garantiza a medias el ejercicio del periodismo. Existe un
gran rezago jurídico, cuya responsabilidad recae en los
poderes legislativo y judicial. No existen códigos que
preserven el secreto profesional del periodista y salvaguarden su
integridad física. Las leyes sobre calumnia y difamación
no han sido reformadas. Y lejos de comparecer ante juzgado civiles,
los periodistas son equiparados a delincuentes del orden común,
al ser sujetos de proceso penal
Por
ello, de la mano de la sociedad civil, de los legisladores, de los
académicos y de los periodistas, la AME ha contribuido a
empujar iniciativas de gran repercusión histórica, como
lo es la ya aprobada “Ley Federal de Transparencia y Acceso a la
Información Pública Gubernamental” y estaremos
apoyando los esfuerzos que el Senado de la República, a través
de la Comisión de Derechos Humanos, viene impulsando, para
hacer realidad una vieja demanda: el marco legal que salvaguarde el
secreto profesional y la reserva a revelar las fuentes de
información.
Sin
embargo, es imposible soslayar nuestra responsabilidad social. Hace
falta asumir la autocrítica como un instrumento ético.
Mientras algunos han devenido actores principales de los cambios
políticos; promotores de los derechos civiles y en
salvaguardas de los procesos democráticos. Hay todavía
medios que han hecho de la información una forma abierta de
manipuleo. He ahí la importancia de criterios de
responsabilidad, códigos de ética, la autorregulación
y el despliegue de una visión deontológica, pues si
bien es cierto que mientras la democracia y la libertad triunfan
aparentemente en un mundo liberado de regímenes autoritarios,
paradójicamente retornan la censura y la manipulación.
Por
el lado que se pretenda ver, desde Joseph Pulitzer hasta nuestros
días, el periodismo, en cuanto profesión, ha sido en la
conciencia colectiva de la época contemporánea, un
instrumento de servicio a la sociedad. Pero en los entretelones de la
modernidad, el periodismo puede ser como refería Gabriel
García Márquez: la más noble de las profesiones
o el más vil de los oficios.
Libertad
y verdad –como decía Adam Michnik, el legendario periodista
polaco en su no menos célebre Decálogo para
periodistas- son dos palabras de gran valor y contenido sagrado,
que no pueden ser usadas sin prudencia y sensatez. Uno de los retos
del periodismo sin embargo, en los albores del siglo XXI, es
establecer la división tajante entre noticia y espectáculo;
entre mensajes informativos y notas de opinión; entre un
ejercicio sin restricciones y la de asumir para sí códigos
de ética.
Señoras
y señores:
Entre
los miembros de la Asociación Mexicana de Editores de
Periódicos, A. C. (AME), tenemos claro que la promulgación
de nuevas leyes, como la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la
información Pública o la modificación a los
instrumentos jurídicos vigentes, para la salvaguarda de la
secrecía profesional, no significan patentes de corso para los
medios de comunicación y quienes de ellos participamos, sino
que implican una responsabilidad social. También estamos
convencidos de que México requiere de una buena prensa, de
buenos periodistas, no de verdaderos asaltantes a pluma armada,
usurpadores o aquellos que provistos de charolas o credenciales,
denostan, calumnian y ofenden.
Por
todo ello, felicitamos a los legisladores federales que con
convicción republicana, están convencidos de que toda
sociedad democrática requiere de un cuerpo legal que proteja a
aquellos que, ejerciendo una profesión tan noble como lo es el
periodismo, requieren de reformas jurídicas para proteger su
integridad física y algo sagrado para el desempeño de
sus funciones: el secreto profesional.
GRACIAS