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DISCURSO PRONUNCIADO POR BENJAMÍN FERNÁNDEZ PICHARDO,
PRESIDENTE DEL CEN DE LA AME,
EN LA CENA DE CLAUSURA DE LA XVIII CONGRESO NACIONAL DE LA ASOCIACIÓN MEXICANA DE EDITORES DE PERIÓDICOS (AME)

Seminario Internacional: Los Editores y el Derecho de Acceso a la Información Pública: Experiencias de Instrumentación

 

Mazatlán, Sinaloa, 19 de octubre de 2002.


DISTINGUIDO REPRESENTANTE DEL GOBIERNO DE SINALOA:
COMPAÑEROS SOCIOS DE LA AME:
SEÑORAS Y SEÑORES:

Hace diecinueve años, cuando la AME vio la primera luz, un sueño cautivó a los socios fundadores: convertir a nuestra asociación en un crisol de unidad, solidaridad, compañerismo, que aglutinara en su interior a la mayoría de periódicos que circulan en el interior del país. Ese anhelo se ha cumplido, aunque ha sido un constante bogar contra corriente, luchar contra la apatía y valorar el interés común, por encima del beneficio personal.

Hoy tenemos gracias al esfuerzo de todos, una organización pujante, participativa y vigorosa. Sin embargo, hay que reconocer con humildad, que hemos recogido la generosa cosecha de quienes antes que yo, abonaron la tierra y plantaron la semilla.

Sin embargo, lo hecho hasta hoy no ha sido suficiente. Echar las campanas al vuelo y magnificar los logros, no tiene cabida en el lenguaje de quienes por convicción, compañerismo y fortaleza, hemos servido a la AME, aportando nuestro mejor esfuerzo para fortalecer la industria periodística nacional.

Porque estamos convencidos de que sólo los que sirven orgullosamente a un ideal no desmayan, -subrayó alguna vez José Vasconcelos, un personaje profundamente ligado con nuestra asociación- sino que sobreviven a las adversidades, a las tormentas, a los obstáculos fortuitos o premeditados, con los que se han de topar en una misión o en un cargo.

Hace tres años, el voto mayoritario de los socios de AME, me otorgó una responsabilidad, que nos esforzamos en cumplir no sin esfuerzo, sino llenos de un deseo genuino de servir. En este lapso, tocamos y abrimos puertas; revertimos la apatía y el desinterés de quienes sólo ponían los ojos en la prensa del Distrito Federal, y nos veían como “los otros”.

En aquellos espacios reservados para la “prensa nacional”, (entrecomillado), hemos ido ganando terreno. Nuestra lucha pues, ha sido justa. No se puede considerar nacional a aquellos que, a diferencia de nosotros, no captan ni perciben cada día, con la cercanía que lo hacen nuestros compañeros, lo que ocurre en los sitios más recónditos de la geografía nacional. Ahí radica nuestra fuerza, ésa que al decir de algunos compañeros, no la hemos explotado.

Pero no por ello nos ha abatido el desánimo. Con prudencia, tolerancia y paciencia, hemos ido fortaleciendo nuestra postura nacionalista y libertaria, ya sumándonos a las campañas a favor de la seguridad pública; del turismo social; en contra de la ignorancia, o como el eje rector de la fortaleza periodística que dio como resultado, la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental.

Ha habido tropiezos, no hay duda. Las inercias; la falta de recursos para hacer frente a nuestras necesidades inmediatas y los salarios de quienes colaboran, poniendo también su mejor esfuerzo en nuestras oficinas de la ciudad de México, ha sido una cuesta arriba. Se ha luchado para combatir la apatía y el desinterés; la duplicidad de quienes históricamente militan en la AME, pero también en otras organizaciones. Sabemos que la indefinición es una sombra a la lealtad, a la solidaridad.

Pero se ha actuado con mesura, con prudencia. No pretendemos vulnerar la unidad que nos otorga fuerza. A nadie se ha censurado. Y si ha habido yerros, estamos convencidos de que el verdadero tesoro del hombre –dijo alguna vez José Ortega y Gasset- es el tesoro de sus errores, apilados piedra sobre piedra, que animan el espíritu de lucha para empezar de nuevo, una vez más, brincando obstáculos y sorteando tempestades.

COMPAÑEROS EDITORES:

Empezamos otra etapa que es, también, un nuevo desafío. En marzo de 1999 ustedes me otorgaron su voto, su fe y su confianza; hoy, me las ratifican. Asumo la responsabilidad con humildad pero también como un reto. En efecto, primero con tanteos, después con pasos firmes, hemos ido caminando por una senda llena de incomprensión, de incertidumbre. Pero eso no nos desanima sino al contrario. Hoy, queda claro, tenemos la fuerza suficiente para exigirle al gobierno federal, un trato privilegiado, y que la industria periodística nacional sea considerada una industria prioritaria.

Hay muchos proyectos en puerta, es cierto, pero los podremos llevar a cabo sólo con el apoyo de todos ustedes. Se requiere de empuje no de simulación. Porque consolidarnos en las estructuras de poder, también exige sacrificios. Por ello, habremos de clasificar a nuestros socios en tres categorías: activos, honorarios y asociados. Sólo así, cuantificaremos su actividad.

Con la agencia AMEX, que ha sido nuestro anhelo, sin duda nuestra asociación se ubicará en los sitios privilegiados de venta de información. Con seguridad generará recursos, que harán de la AME una organización periodística única en su género a nivel continental. Pueden tener la certeza de que siendo una agencia de todos, retroalimentada con el esfuerzo de todos, los recursos que se generen serán manejados con transparencia. ¡Nada se hará a espaldas de nuestros compañeros!.

Para brindarles mejores servicios, se reestructurarán nuestras oficinas en la ciudad de México, de tal manera que se inserte en una dinámica digna de una organización en rápida expansión y en consolidación. Los Estatutos ser habrán de actualizar, modificar y adecuar a nuestras particulares circunstancias. Los mismo nuestra Manuel de Responsabilidades, para el Comité Ejecutivo, para nuestra gerencia general en la ciudad de México y organismos asesores.

COMPAÑEROS:

Asumo la confianza de ustedes, como un privilegio más de servir. No los he defraudado; tampoco los defraudaré. Pido con modestia a mis compañeros del Comité Ejecutivo, me ayuden a caminar firme este trecho. Y que todos, en conjunto, en unidad, no desmayemos para restituirle a ustedes, esa confianza depositada.

Finalmente, no me queda más que agradecerles a todos su estancia y permanencia en este encuentro. A nuestros amigos que vienen de otras partes de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, gracias por habernos compartido sus experiencias y su solidaridad. A nuestros proveedores, que son parte de nuestros esfuerzo cotidiano. A nuestros amigos especialistas, periodistas, a los medios de comunicación, nuestra gratitud por su trato generoso y amable, porque seguiremos abrevando de sus conocimientos.

Hemos llegado al fin de una etapa y al comienzo de otra. Cada día es un constante empezar de nuevo. Sólo los espíritus débiles son como el pavo: amainan su plumaje al primer ruido. Para nosotros sólo es un reto que habremos de sortear.
MUCHAS GRACIAS

 

   
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